UNA FANTASíA
Una de las muchas cosas que pienso como mujer.
Hace unos minutos he tenido a dos hombres en la ventana del chat. Uno de ellos vive cerca de mi casa. Su nombre es Sebas. Es la primera vez que hablo con el. No se por que su manera de hablarme me ha hecho sentirme inmensamente femenina. Tal vez haya sido su descaro para decirme directamente que suele penetrar a las travestis, que se ha reunido con diez de ellas. He imaginado de pronto esa escena con una chica que no soy yo siendo penetrada por el, y me ha dado celos. Lo imagino con una verga enorme y a esas afortunadas que reciben en su trasero toda la potencia de su miembro, que lo acogen en su intimidad para ser aun mas mujeres.

Visto en estos momentos un vestido negro, como la foto de la izquierda. Miro mis piernas, siento lo suave que es mi ropa interior, y sueño con Sebas. Una deliciosa sensación me invade y cierro los ojos para pensar en el. Sueño... alucino... soy una mujer.

Me he citado en Sebas en una calle algo oscura. Recorro con mi automovil el lugar y lo veo parado en una esquina con la ropa que me dijo que vestiría. Se que es el. Estaciono el auto y me decido a bajar para lucirme, moviendo las caderas cadenciosamente, como una verdadera dama.

Sebas me mira y sabe que soy yo. Sin decirme nada, me toma de la mano y me conduce hasta mi auto. Me pide que le de las llaves. Yo, obediente, se las doy. Estoy sentada al lado de él con el vestido levantado casi por completo. Hace los cambios y me roza las piernas. Suspiro por la emoción.

Luego me pide que pase mi mano por su miembro mientras él maneja. Nunca he sentido una erección tan violenta al contacto con mi mano. Le bajo el cierre y automáticamente me lanzo sobre su verga para pasar por ahi mi lengua y excitarlo aun mas.

Mi boquita está humeda por los jugos que brotan de su miembro. Siento mis labios pasar por su verga y me parecen hechos a su medida. Oh! Dios! Me siento tan mujer en esa posición sumisa frente a él! Es un intercambio de pasiones donde cada movimiento de Sebas se debe a una chupada mía. Estamos unidos por el maravilloso fenómeno del sexo. Soy yo quien provoca la humedad viscosa que brota de su enorme miembro, y eso me hace muy feliz.

Pero estaba lejos de imaginarme lo que pasaría después. Una, cuando está chupando una cosa así, pierde el control y se olvida de todo. Yo estaba entretenida con los jugos que lubricaban mi boca, tragandome un poco, cuando de pronto un grito de él anunció que se venía. Todo un chorro caliente me llenó la boca! Yo medio atorada, seguía chupando desesperadamente, y apenas retiré su miembro de mi boca para descansar un segundo, él se vino de nuevo con una nueva eyaculación más potente todavía que se estrelló contra mi rostro. Tenía su leche en mi nariz, en mis ojos, en mi pelo, en mis orejas, y, por supuesto, en mi boca.

Ahora el problema era lavarme. Sebas me dijo que tenía un amigo de confianza y que podíamos ir a su casa. Me pareció interesante conocer a un hombre mas, así que acepté de inmediato.

Me limpié como pude, pero todavía tenía la cara pegajosa. Cuando llegamos a la casa de Armando, que asi se llamaba su amigo, yo estaba loca de excitación. Mi culito latía de deseo. Me moría de ganas de tener eso que había chupado adentro de mí, en mi intimidad, en mi culito.

Armando me hizo pasar, mientras Sebas estacionaba el auto en el garage. Me dijo que teníamos que aprovechar ese momento, y me arrinconó contra la pared mientras me tomaba de la cintura. De pronto sentí una verga aun mas grande que la de Sebas calentando mi trasero. Un movimiento más, y ya tenía una buena porción de eso adentro de mí, invadiendo mi cuerpo.

Nadie me había penetrado de una forma tan violenta. No pasó ni medio minuto desde que yo entré a su casa, y ya tenía su miembro poderosamente erecto dentro de mi cuerpo. Armando empujó una vez más. Me hizo gritar, pero logró introducirmelo todo. Ni siquiera me había sacado el calzón. Su enorme torre había buscado la manera de evadir mi ropa interior, pasando por un costado y venciendo todas mis resistencias. Yo, en medio de esa descomunal penetración, pensé en la imagen que los dos estábamos construyendo. Me sabía poseida, dominada, penetrada, con mi vestido levantado y mis medias desordenadas. Armando empujaba una y otra vez, y en cada arremetida yo aullaba de dolor y de placer. Si no hubiese sido por la abundante lubricación que emanaba de su verga, no habría podido resistirlo. Pero dulcemente lubricada en mi conducto anal por sus deliciosos jugos, el sexo de Armando era una delicia. Claro que tampoco entraba tan facilmente. Su miembro era ancho, y mi culito debía dilatarse bastante para soportarlo.

Ahora me pregunto si no es ese el estado que mas me gusta. A veces he andado por mi casa, vestida con mucho cuidado y esmero, muy femenina y delicada, y con algo adentro de mi. Al andar, ese "algo" me brinda la sensación de que se mueve y está vivo dentro de mí. Da ganas de estar caminando todo el tiempo, balanceandome, dandome ese gusto tan pecuiar.

Pero con Armando es distinto. No hay lugar para la pausa. Todo es acción, él arremete con más fuerza cuando se acerca el momento de su eyaculación, y sus movimientos se hacen desesperados. Me siento algo húmeda por dentro, y esa fricción me está dando un goce que nunca antes había sentido. Me entrego plenamente a ese placer y ayudo algo con mis movimientos sincronizados con los suyos.

FIN